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Guayaquil y el hada del cerro Santa Ana

Guayaquil y el hada del cerro Santa Ana

02 - OCT - 2015

Las primeras calles del Puerto Principal nacieron en un cerro legendario, testigo mudo de una ciudad llena de historia y tradición.

Cuentan los cronistas del Guayaquil antiguo que, en sus inicios, la ciudad contaba solamente con dos calles y ambas nacieron en las faldas del cerro Santa Ana. Una era conocida como la Calle Real y, la otra, era la Calle Nueva; que con el paso de los años fueron bautizadas como la Av. Vicente Rocafuerte y el Malecón Simón Bolívar, respectivamente.

El trazado de Guayaquil es exactamente igual al de la época colonial, pero con el tiempo fueron cambiando las calles, se formaron otras sin nombre y también cambiaron las casas y edificios. Pero en el centro de todo, un testigo mudo del crecimiento urbanístico: el cerro Santa Ana.

La leyenda siempre le agrega sazón y misterio a los lugares. En Guayaquil se habla del hada del cerro Santa Ana.

Mucho antes de la llegada de los españoles y del asentamiento de los huacavilcas, un lujoso palacio acuñado de oro, plata y mármol se levantaba en las profundidades del cerro. Su dueño era un cacique que un día, desesperado, mandó a llamar al curandero más anciano del lugar con la esperanza de que curara a su hija enferma.

Pero el curandero obligó al cacique a elegir entre su riqueza y su hija. “La única cura”, dijo. “Es que devuelvas a sus dueños legítimos todas las riquezas obtenidas y robadas en tus batallas”. La avaricia habló  y el cacique optó por su riqueza mientras arrojaba un hacha de oro al curandero.

El brujo, furioso, escapó de la muerte y maldijo al cacique y a su hija. “Vivirás con tu hija y tus tesoros en las entrañas del cerro”, sentenció. ”Tu hija deambulará fuera de palacio cada 100 años hasta el día que encuentre a un hombre que la prefiera por sobre sus bienes”.

Pasaron muchos años hasta que llegara la conquista española y, con ella, el soldado Nino de Lecumberry quien al llegar a la cumbre de Santa Ana se encontró con la hija del cacique. Sin conocer su historia, la siguió hasta el centro del cerro, a su palacio, y tuvo que elegir entre quedarse con ella o los tesoros del lugar.

Nuevamente la avaricia fue más y el español tuvo que enfrentar la ira del cacique. Estando en peligro de muerte, imploró de rodillas a la cristiana Santa Ana, madre de maría y abuela de Jesús, para que lo sacara de ese lugar.

Al lograrlo, en agradecimiento, colocó en la cima del cerro, una cruz con la leyenda de “Santa Ana”. Desde ahí, los pobladores empezaron a llamar así al lugar que antes era llamado por los aborígenes originarios como “Loninchao”.

El Guayaquil de ahora

La colina de 60 metros de altura, es uno de los más importantes miradores de Guayaquil, pues permite efectuar un recorrido visual con un giro de 360 grados, en el que se aprecia por el norte: la intersección de los ríos Babahoyo y Daule que forman el Guayas; por el sur: el casco comercial de la ciudad; al este, la Isla Santay y Durán; y al oeste, el cerro del Carmen y el resto de la ciudad. En el mirador del cerro, hay binoculares especiales para uso del turista.

El Cerro Santa Ana, además, es una zona turística, cuyo acceso se da por las escalinatas Diego Noboa, que tiene 444 escalones, en los que hay plazas, glorietas, museos, capilla, el faro, galerías de arte, tiendas de artesanía, cibercafés, bares y restaurantes. 

 

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